El juez Oyarbide declaró ayer que Turquía cometió genocidio en perjuicio de los armenios entre 1915 y 1923.
Esta es una nota que escribí hace unos 4 años sobre las relaciones que tenemos con el otro. Entrevisté a Jorge Kazandjian, director del diario armenio de Buenos Aires. Se las dejo acá como primer "situación" de este blog.
Jorge Kazandjian me recibe en su pequeño despacho que parece más reducido aún por las cosas que lo tapan. Todo se encima, un objeto sobre el otro, como los posters de eventos de la comunidad armenia, ejemplares de diferentes diarios, revistas, enciclopedias, afiches de distintas organizaciones de Derechos Humanos y demás cosas que hacen a la rutina de su trabajo. El diálogo es cordial, sereno. Un hombre con una voz robusta, tanto como su anatomía, me cuenta por qué se dedica a ser un periodista diferente. Jorge es editor del diario Armenia, homónimo de su comunidad de origen, en la que se crió su padre, y el padre de su padre y todas las generaciones que lo antecedieron. Un hombre argentino, de origen armenio, con una familia que sigue cumpliendo y observando los principios de una tradición antigua. Siglos de costumbres tratan de preservarse en la diáspora. Los ciudadanos argentinos armenios no se sienten diferentes, pero en sus rutinas, en sus tradiciones conservan signos de lo que alguna vez los hizo tan marcadamente distintos a sus enemigos, los turcos, como al resto del mundo.
Creo que es en las anécdotas, en las historias y en la presencia de costumbres diferentes a mí, a otros, donde sentí que estaba ante un “otro” cultural. Pero creo que es algo que se puede dar casi con cualquier hombre dentro de esta ciudad y de cualquier lugar del planeta. El lugar de la conversación es el Centro Cultural Armenio, rodeado por varios colegios donde se da esa educación.
- ¿Cuál es el objetivo del diario? ¿Cómo nació?
- El diario nació en 1931 como medio de comunicación dentro de la comunidad, teniendo en cuenta que en aquellas épocas casi el cien por ciento de los miembros de la comunidad Armenia eran recién llegados al país. Por eso no tenían conocimiento del idioma castellano entonces el diario hacía de puente entre la realidad nacional y la comunidad. Al mismo tiempo que informaba los quehaceres de la comunidad, traducía al idioma armenio todos los eventos que tenían lugar en el país, lo político, lo deportivo y algunas otras cosas. Después con el tiempo, con la evolución y la integración de las distintas generaciones el diario ya no tuvo la urgencia de tener una salida diaria, pasó a ser semanario como es hoy, o sea ya llevamos 76 años.
- ¿Qué contacto tienen con lo que ocurre en Armenia?
- El contacto nuestro es diario porque no sólo lo tenemos vía Internet sino por teléfono y hasta por nuestro acceso a las distintas páginas de noticias armenias, de las que hay muchas. Estamos prácticamente al tanto como están todos los medios de prensa de los acontecimientos de diferentes partes del mundo, sólo que nosotros ponemos nuestro foco no exclusivamente en ello sino principalmente sobre lo que ocurre en Armenia.
- ¿Y lo que ocurre en el país, tiene alguna incidencia en el diario?
- Nosotros en general nos manejamos desde la comunidad y los eventos que se dan dentro del país pero no de las noticias habituales del país porque como es un medio que sale los jueves queda un poco atrasado hablar de noticias locales, además no es la idea. Porque hoy hay muchísimos medios, la televisión, la radio, Internet, entrar nosotros en ese terreno, siempre estaríamos atrasados. Sí hay noticias que tienen que ver con el tema de la política nacional pero en relación a nuestras instituciones: visitas de políticos, de funcionarios. Por ejemplo temas como el que se produjo este año que se promulgó la Ley de Reconocimiento al Genocidio Armenio. Todo eso son puntos que sí tienen lugar en nuestras páginas.
- En lo que respecta a su historia personal, usted por ejemplo ¿cómo llegó a Buenos Aires o cómo lo han hecho sus antepasados?
- Yo soy argentino, mi padre llegó al país en el año 30, proveniente de Grecia, pero en realidad él es nacido en la Armenia originaria, la ocupada por Turquía. Nació en 1913, en la época del genocidio, su familia se trasladó a Grecia para refugiarse y después llegaron a la Argentina. Yo soy nacido aquí y después de algunas experiencias en mi juventud con temas periodísticos, ahora ya de adulto tomé la responsabilidad de llevar adelante este periódico.
- ¿Cómo vive la comunidad armenia la diáspora? ¿Conservan tradiciones, costumbres, platos típicos?
- Voy a tratar de resumirte en dos o tres frases. La comunidad armenia argentina tiene casi noventa años. Noventa años significan un mínimo de tres generaciones y teniendo en cuenta también que la comunidad armenia fue muy bien recibida en la Argentina, no tuvo ningún problema de adaptación, de discriminación, eso hace que a veces la conservación de la identidad natural original sea mucho más complicado. Porque vos no tenés un ámbito hostil entonces vos te vas adecuando, te vas asimilando. Eso va en contra de las comunidades, no sólo de la armenia, otras también. Algunas que tienen una religión diferente ponen el acento ahí o en algún otro tipo de “diferencia” como para conservarse un poco más cerrados. La nuestra es una comunidad desde un lugar desgraciadamente muy abierta porque las distintas generaciones se han ido casando, hay muchos casamientos mixtos, así que se va abriendo. Esa apertura hace que el tema de la identidad hoy tenga mucha importancia para nosotros porque tratamos de conservarla a partir de la danza, el canto, el teatro, las comidas, o sea, buscamos eso.
- Tienen colegios también.
- Hay siete colegios en lo que es Buenos Aires y Gran Buenos Aires, en los tres niveles, jardín, primaria y secundaria. Tendrán aproximadamente unos 700 a 800 alumnos de origen armenio entre todos porque hay muchos colegios que están abiertos a todo público. Hay un solo colegio que todavía no admite alumnos no armenios, que es el Colegio de la Iglesia. Los demás colegios están abiertos. Hay agrupaciones juveniles, scouts, hay entidades deportivas, de asistencia, hay coros, grupos de teatro. Todo lo que es el mini cosmos de la comunidad Armenia tiene existencia en Buenos Aires y los alrededores.
- Recién decía que ustedes no se sienten discriminados. ¿Se siente como una minoría cultural o eso no está en ustedes?
- Es un poco difícil hablar sobre minorías en un lugar donde, ya te decía antes, fuimos muy bien recibidos. El armenio medio se ha integrado a tal punto que hay deportistas de nuestro origen como David Nalbandian, políticos como el ministro León Arslanian, que han llegado simplemente por lo que son, no como miembros de la comunidad, eso te da la pauta de que está integrada. Lo que es una minoría cultural probablemente esa visión se pueda tomar desde el punto de vista cuando por ejemplo la comunidad armenia siempre es invitada a eventos donde otras comunidades tienen oportunidad de mostrar sus grupos de danza, festivales de música. Alí es donde se puede interpretar que uno tomaría parte de una minoría pero en realidad es más conservación de una cultura, una identidad, un patrimonio, un bagaje cultural que formar parte de una minoría. Te cuento el caso de mi hija que baila hace quince años en un conjunto de danzas y yo soy argentino, ella es argentina, es la segunda generación, ya es una argentina bailando danzas armenias.
- ¿Cómo ven a las otras minorías culturales? Por ejemplo, muchas veces se compara al Genocidio Armenio con el Genocidio Judío.
- En realidad, nosotros no partimos de ninguna comparación porque si hablamos de tragedias contra la humanidad, cada una tiene su perfil. Lo único que queremos nosotros con nuestros reclamos de reivindicación es que sea reconocido y forme parte de la memoria de la comunidad internacional para que otros hechos de ese tipo no se repitan. Nuestra relación con las demás comunidades es muy buena, tanto con la judía como con la árabe, que son las más cercanas por cuestiones de tipo regional. También hay relaciones con los italianos, los españoles, pero esas son más ocasionales. Con árabes y judíos tenemos más relación, los invitamos a nuestros actos, nos invitan a los de ellos, a veces hemos hecho actividades en conjunto.
- ¿Cuál es el peso, la influencia actual del Genocidio Armenio?
- No sé si plantearlo como peso. El Genocidio Armenio al igual que otras expresiones de horror contra la humanidad hoy ocupa un lugar importante porque hay una tendencia mundial a buscar su “castigo” y su no repetición. El Genocidio Armenio es una de ellas, es considerado el primero del siglo XX por lo tanto está en todos los libros de todas las instituciones y organizaciones de Derechos Humanos, existe como hecho, como cosa que sucedió. Obviamente Turquía sigue negando su existencia y esto impulsa muchos estudios y genera muchos movimientos en los países donde hay armenios, donde ellos, a través de sus instituciones, se preocupan para que el tema del genocidio esté en la agenda política; para que en naciones como Argentina, conozcan lo que sucedió y den su opinión al respecto y su el reconocimiento. Hace poco también fue reconocido en Chile, no hace mucho en Venezuela, en Uruguay. La cuestión es que está siempre presente y eso genera dentro del gobierno turco una incomodidad porque la continua negación sin argumentos es muy difícil de sostener. Por lo general tratamos de no hacer comparaciones porque cada evento es único en sí mismo y ha generado cosas distintas. En las consecuencias sí son parecidos porque han tratado de hacer desaparecer a un grupo, una etnia, de la razón de la existencia, como armenios o como judíos, donde se parecen es en ese punto únicamente.
La comunidad armenia, al igual que otras, tiene su identidad marcada por la complejidad, ninguna es pura, a secas, no es una esencia cristalizada. Esta está conformada por una religión, un conjunto de costumbres, una educación, una ciudadanía, un lugar de residencia, entre muchas otras posibles variables.
La identidad no corresponde a un conjunto de rasgos dado de una vez y para siempre. Por el contrario, es el resultado de que un grupo social utilice rasgos para diferenciarse culturalmente de otros grupos sociales. De este modo, nace en un contexto histórico lleno de alteridades, es relacional, tiene un carácter histórico y se enmarca en relaciones de poder. Toda construcción de identidad supone la presencia de un “nosotros” y de “otros” a los cuales se opone y de los cuales se diferencia.
En el pasado es donde se marcaba claramente que los “nosotros” que se trataban de imponer y hegemonizar eran los turcos, el estado turco y los “otros” eran los armenios. A diferencia de otras otredades culturales los armenios no están asociados a ningún tipo de cualidad negativa, no se los llama delincuentes ni “bolitas”, por ejemplo. Su carácter de otredad cultural está dado más por su condición de minoría, por las prácticas o tradiciones de algunos que por la estigmatización. Lo que ocurre es que su lugar en la actualidad en la Argentina o en otros países de la diáspora no es el mismo que tenían bajo el imperio turco o más precisamente durante el genocidio que ocurrió entre 1915 y 1923 y en el que se aniquilaron a un millón y medio de personas.
En este país como en otros, como dice Jorge Kazandjian, se los ha reconocido, aunque ese reconocimiento marca también la diferencia, una actitud de respeto, tolerancia, pero es sin duda una marcación hacia la diferencia, aunque ésta no esté menospreciada, descalificada, no deja de ser lo distinto.
Consultado por la Revista Armenia, en su número de febrero del 2007, el ingeniero Mario Nalpatian reflexionaba sobre la promulgación de la Ley 26.199 que instituye al 24 de abril como “Día de Acción por la Tolerancia y el Respeto entre los Pueblos”: “En el ámbito nacional, debemos decir, que una vez más y desde 1985 el Parlamento argentino ha sido solidario y coherente con su posición de condena del crimen de lesa humanidad cometido por el estado turco contra el pueblo armenio entre 1915 y 1923, en este caso debemos resaltar la posición del Poder Ejecutivo nacional de promulgar la ley sancionada por ambas cámaras e incorporar a la legislación argentina la condena y promover una acción para el día 24 de abril, esto hasta el momento es el único en el mundo”. (…) “Es evidente que la comunidad internacional se halla en falta en su tarea de prevención de nuevos genocidios, prueba de ellos es por ejemplo que la Secretaría Adjunta de la ONU, para la Prevención de Genocidios creada por Koffi Annan en 2004 no ha podido avanzar en la medida de lo necesario, dado que a ese nuevo órgano no se lo dotó ni de instrumentos ni de un presupuesto acorde a la tarea encomendada”.
Para entender que esta realidad era totalmente diferente en el pasado podemos tomar como matriz de análisis los conceptos de Primo Levi en su libro Si esto es un hombre. Allí, hace un análisis exhaustivo de las otredades culturales y postula el concepto de “otredad negativa”. Es la práctica de la diferencia pero con connotaciones tan peligrosas que puede derivar en genocidio. La otredad negativa es el primero de cinco momentos por los que puede atravesar una minoría cultural. En este instante se inicia la marginación del “otro”, a través de políticas discriminatorias se construye su imagen negativa. La construcción de una otredad negativa es un proceso que distribuye desigualmente, y se hace posible con elementos del pasado, ideales afectivos y se estereotipa al “otro”, con un objetivo determinado en la mayoría de los casos. Luego se pasa al momento del “hostigamiento”, donde se legitiman las conductas de marginación por parte del Estado, a continuación el “aislamiento espacial”: se delimitan territorios permitidos y prohibidos para la residencia del “otro”. En cuarto lugar se encuentra el “debilitamiento sistemático” donde se quiebra al “otro” psicológica y psíquicamente y comienza la selección, o sea los asesinatos.
El último momento se da sólo en casos únicos en la historia como ha sido el Genocidio Armenio, el Holocausto judío o los gobiernos dictatoriales en tantos países. Es interesante tomar esta concepción de los cinco momentos para ver cuánto aprendemos de nuestra historia. La comunidad armenia fue víctima de un genocidio que ocurrió a comienzos del siglo XX y atravesó hasta el último momento pero es el día de hoy que puede decirse que ni siquiera ingresa en el primero. Por suerte, los diferentes estados los han reconocido, y condenan el sufrimiento del que fueron parte. El único que niega la realidad es Turquía. Esto es diferente en el caso judío, donde los miembros de su comunidad siguen siendo objeto de discriminación y el Holocausto es permanentemente negado por diversos líderes políticos, religiosos, historiadores, etc. Pero los ciudadanos de origen armenio sin tener que atravesar por ningunos de estos cinco momentos en la actualidad son una otredad, no negativa, pero otredad al fin. Lo que les da este carácter es su identidad diferente, un bagaje cultural y prácticas cotidianas distintas a otros que representan un conjunto mayoritario, un “nosotros”, que suele ser la población occidental, católica, de tez blanca, alfabetizada, entre sus principales elementos pero la lista podría seguir acotándose. Cuando se está frente a una persona con características que no nos parecen “comunes”, empieza a considerarse que ese es diferente, forma parte de una minoría, ya que es alguien que no comparte el mismo origen, las mismas creencias, la misma educación o el mismo aspecto físico.
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