domingo, 1 de mayo de 2011

De ronda











Hay mujeres que son abogadas, otras maestras, algunas policías. Así podríamos seguir en una extensa lista de profesiones, ocupaciones, vínculos familiares, etc.
Hay mujeres que son referentes visibles de un grupo mucho mayor que las excede en número y sentimientos. Aquí podemos mencionar a Azucena, a Chicha, a Estela o a Taty. Ellas forman parte de nuestra historia y de nuestro pueblo. Probablemente no de la manera en que lo hubieran imaginado.
Hay mujeres que reaccionan frente a la tragedia de formas tan distintas como inesperadas. Estas mujeres argentinas lo hicieron de un modo ejemplar para muchos de sus compatriotas y para tantos en otros países. Las Madres de la Plaza que el Pueblo Abraza nacieron de un círculo, de una ronda. Una ronda que lleva treinta y cuatro años, que reunió el dolor, la angustia, la incertidumbre, el amor y la impotencia. Todas estas experiencias fueron transformadas en potencia, en lucha.
Hay mujeres que se enteran que van a ser abuelas y ya comienzan a tejer los primeros escarpines. Todavía hay cientos de mujeres que no saben dónde están los destinatarios de esos escarpines, a los que anhelaron y a los que todavía esperan ya convertidos en hombres y mujeres. Todavía esperan pero no sentadas de brazos cruzados. No, algunas ya no podrán ver el resultado de su incesante búsqueda. Otras ya no tienen tanta fuerza, enfermedades las aquejan o solamente -o nada más y nada menos que- el paso del tiempo.
Pero como sea, su meta, sus ideales están impregnados en sus relatos y en su accionar, en su testimonio, para que las generaciones que vengan entiendan la historia del país en que viven, que entiendan su pasado y su presente, que nada se gana con la violencia.
Gracias a la nobleza y al coraje de ellas más de cien chicos recuperaron su identidad y un país entero puede saber cómo fueron las cosas.

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