domingo, 20 de noviembre de 2011

Ardua tarea

Cada fenómeno puede ser contado de miles de formas diferentes así como miles son las interpretaciones que de ellas surgen. El período histórico que abarca los años 1976 a 1983 fue dominado por una sangrienta dictadura militar. Muchas películas con distintos enfoques se han hecho sobre el tema. Algunas se ocuparon de lo que sucedía en los centros de detención y exterminio de personas, sobre casos particulares de sobrevivientes, otras sobre las agrupaciones políticas juveniles, una sobre episodios muy puntuales como “La noche de los lápices”. La primera por ejemplo se llamó “La historia oficial” y en ella la enorme Norma Aleandro vivía sin saber lo que pasaba a su alrededor hasta que la realidad le estalló en su propia casa. Pero “Verdades verdaderas. La vida de Estela” es la historia de una familia real atravesada por el dolor, por la violencia en las fibras más íntimas de su ser. Lo que vemos en la pantalla no es una explicación social, política o económica de lo que sucedió. Es la tragedia que se posó sobre la familia Carlotto y lo que sigue viviendo con la búsqueda (actual) de su nieto Guido, el nieto de la presidente de las Abuelas de Plaza de mayo.
Y como si fuera una perfecta metonimia, Estela consulta en el pre estreno en La Plata, dirigiéndose a otras madres y familiares de desaparecidos: “diganme si no es la historia de todos”. Porque como ella se encarga siempre de aclarar, ella es la cara visible de Las Abuelas, pero son un grupo unido y corajudo, paciente y sobre todo de amor.
Estela nos presta su relato que por su similitud con otros podría ser también el de otra abuela. Pero es su historia, es su verdad, su intimidad que se hace pública, porque los que alguna vez la escuchamos sentimos que también es nuestra, que ella podría ser nuestra abuela, nuestra madre. Son nuestras, las abrazamos porque ellas decidieron que la lucha no era individual, la pelea no era ni es por el hijo de cada una, por cada nieto particular sino que es por los 30.000 y por los 500.
Las actuaciones son impecables: Susú Pecoraro y Alejandro Awada transmiten todos los sentimientos habidos y por haber con sus gestos, sus miradas. No hay manera de no sentirse interpelado por el clima que se genera entre ellos y el vínculo familiar que les toca vivir.
Es una película digna de ver, lejos de cualquier prejuicio político que podamos tener. Lamentablemente este año hubo muchos que quisieron desprestigiar la labor de los organismos de Derechos Humanos luego del escándalo y la cauda judicial que involucra a Sergio Schoklender, ex apoderado de la Asociación Madres de Plaza de mayo. Pero la batalla pacífica y solitaria que mantuvieron pese a todos los obstáculos fue de estas mujeres únicas y sigue dando sus frutos todos los días. Ya son 105 los que recuperaron su verdad verdadera y no hay nadie que se las pueda quitar. 

lunes, 7 de noviembre de 2011

La pelusa en el ojo ajeno


Cuando somos chicos tenemos una tendencia a mirarnos o tocarnos el ombligo con mucha insistencia al canto de “pupo, pupo”. Realmente mi conocimiento en lo que hace al campo de los refranes populares es muy escueto pero sé que hay una frase que tiene que ver con que si te tocás mucho el ombligo te podés sacar pelusa o algo así. Pero creo que no hay ninguna –por favor avisenme si me equivoco- que trate sobre la mirada hacia el ombligo. Pienso que deberíamos armar un buen enunciado sobre el tema y que se disperse por la gran matrix de la web 2.0.
Mirarse el ombligo propio es una actividad muy común en estos días. Uno pensaría que es al revés, que las personas tienden a mirar el ombligo ajeno para no ocuparse de sus problemas porque siempre es más fácil opinar sobre los de los demás. Pero un poco de escucha de lo que dice “la gente” me hace tambalear en este presupuesto. Cuántas veces en este último tiempo de manifestaciones y elecciones políticas, gastronómicas, de identidad, de género, deportivas, lo que sea, oímos decir: “toda la gente que conozco está en contra de”, “no conozco a nadie que quiera que” y así en varias categorías de la vida cotidiana.
Pensar que el puñado de individuos que conocemos, por muy nutrido que sea, representa a un todo es más allá de una metonimia, un reduccionismo. Pongámonos a ver entonces, me incluyo, qué hay más allá de nuestro bosque. No hay todos o nadies. Siempre hay alguien que y otro alguien que no.
Una extremista reclamando por matices. Y bue. A veces pasa.

domingo, 4 de septiembre de 2011

Sapos, rompecabezas y otros pozos

Vivimos en un sistema en el que se supone que debemos encajar en ciertas categorías. Tenemos que estar definidos permanentemente sobre lo que somos, lo que hacemos y lo que queremos. Todo esto se subdivide y así parece que no podemos escapar a las tipificaciones de ninguna manera. Nos produce tranquilidad saber que tenemos una respuesta a las miles de preguntas circulantes día tras día. ¿Por qué nos importa tanto la sanción del otro? ¿Por qué estamos serenos si podemos decir que somos de determinada clase social, que profesamos un fanatismo por un cantante en particular, que tenemos un trabajo, una vocación?
Tantos agrupamientos son posibles como la cantidad existente de especies de insectos o más seguramente. A veces sentimos que no encajamos en ningún rompecabezas. Pero esa sensación no se condice con la realidad porque siempre somos parte de algo. El ser humano es social por definición. Como dice Vincent Marques en “No es natural”(1): “La sociedad nos marca no sólo un grado concreto de satisfacción de las necesidades sino una forma de sentir esas necesidades y de canalizar nuestros deseos”.
Estamos formando parte de algún conjunto en todo momento, incluso de uno o muchos de los que no podemos advertir. Lo que sucede es que no siempre somos la pieza del rompecabezas que pensamos que seríamos o que los demás esperan que seamos. Entonces toda esa pila de expectativas se derriba como una fila de fichas de dominó en nuestra mente y pensamos que nuestras certezas son inseguridades, incertidumbres, que no pertenecemos a la normalidad.
Pero la vida es un poco más que una suma de categorías y las fichas pueden acomodarse de maneras muy diversas cada vez, con cada elección, con cada certeza.

(1) en Para una sociología de la vida cotidiana, Barcelona, Anagrama, 1996.

sábado, 13 de agosto de 2011

Cabreados

En Chile para referirse a los “jóvenes” también se utiliza el término local “cabros”. En otros espacios geográficos se utilizan palabras que suenan parecido pero que significan distinto como cabrones o encabronados para expresar el enojo o la capacidad de volverse iracundos.
Las causas de esta ira juvenil no son recientes, no son azarosas y no tienen que ver con el caos como un síntoma de una sociedad violenta como muchos medios en todo el mundo lo presentan.
Se nos plantea una cuestión fundamental que desde los comienzos de la globalización y, sobre todo desde la revolución 2.0, invade los análisis sociológicos en todas partes. Cada vez nos llegan más datos en menor cantidad de tiempo. Esto no es una novedad ni mucho menos, el hecho de que estos no se desmenuzan, no se desarman para llegar a lo que está detrás del dato tampoco. Pero sí es cada vez mayor la sorpresa ante la enumeración infinita de titulares engañosos, parciales. Un video de autos destrozados y una placa televisiva que reza: “manifestantes se enfrentan con carabineros. Incidentes y descontrol”. Esto nada puede tener que ver con una información de calidad si desde el comienzo se nos está ocultando más de la mitad del conocimiento sobre el suceso. Los manifestantes ¿quiénes son? ¿ecologistas, trabajadores, personas sin recursos? Son estudiantes chilenos. ¿Por qué se enfrentan con los carabineros y producen el caos? Los oficiales de policía del país vecino reprimieron a una gran parte de los que estaban marchando pacíficamente. A su vez, se descubrió que había un número de infiltrados con el fin de deslegitimar el reclamo que causaban destrozos y hechos violentos. ¿Por qué estaban allí los estudiantes en vez de estar en los establecimientos educativos? Pocos medios se molestaron en profundizar sobre el origen y el fondo de la protesta. El problema es que si lo hicieran, tendrían que explicar que el pueblo chileno no se siente representado por su líder, que proviene de la empresa, de la derecha conservadora que sigue queriendo manejar a los colegios como si fueran PYMES o industrias. Piñera no originó esta crisis ya que lleva dos años de gobierno y el déficit educativo lo pasa por lo menos en 28. Pero los que festejaron el rescate minero y todo su aparato televisivo y que celebraron con creces la vuelta de esta derecha exclusiva que piensa que los pobres no merecen la misma educación que las personas de mayores ingresos no están preocupados. Los que se preocupan y que ahora tomaron las calles para decir BASTA piensan que no puede condenarse a los jóvenes de esta manera. Hoy en día un adolescente chileno que no tuvo una buena educación primaria y/o secundaria porque los ingresos de sus padres no lo permitían está en condiciones sumamente desiguales para presentarse al examen de ingreso universitario. Los que obtienen mejores puntajes en esta prueba pueden permitirse una educación en Santiago, donde muchos de ellos viven. Los que no hayan tenido tan buena performance serán destinados a ciudades del sur del país, del centro, a las que pueden tener por ejemplo 9 horas de viaje para poder llegar. Esto los obliga a reubicarse en otra ciudad, alejarse de sus seres queridos o de sus amigos, o trabajos o hobbies durante el tiempo que dure esa carrera que eligieron, esto sin mencionar el costo que tienen que pagar por ella y la calidad de lo que reciben a cambio.
Es por eso que los cabros se cabrearon hace largo tiempo y ya no quieren más cuernos.

lunes, 18 de julio de 2011

Digamos presente

Hoy estaba debajo de mi paraguas una vez más frente a la sede de Pasteur 633. Antes de oír el clásico sonido de sirena –que, a pesar de su repetición año tras año, nunca deja de provocarme escalofríos- rememoré aquel llamado telefónico en el que me enteraba de la tragedia. Ese 18 de julio de 1994 me faltaban doce días para cumplir once años. ¡Qué lejanos se veían los 28 que se avecinan ahora! Era el primer día de las vacaciones de invierno y por eso me encontraba durmiendo hasta tarde. A las once de la mañana atendí el teléfono semi dormida y era mi papá para decirme algo que nunca hubiera querido escuchar. Las sirenas de las ambulancias sonaban por detrás. Calculo que en ese momento no alcanzaba a comprender la magnitud del acontecimiento pero lo que entendí me alcanzó para que eso se convirtiera en algo inamovible de mi mente y mi corazón.
De ahí en más, el PRESENTE. Un presente por mí, por ellos. Un presente que repetimos 85 veces cada vez. 17 años pasaron desde aquel llamado telefónico, bastantes más de los que tenía en ese momento. Es mucho. Son muchos años. Muchos días de reclamos a oídos sordos, oídos que no quieren escuchar, oídos que queremos que escuchen.
Sólo la verdad y la justicia pueden llevar un mínimo de paz a los que vivieron tanto dolor. Sólo la luz sobre una causa por demás empantanada calmará un poco la humillación y la indiferencia que sufrieron y sufren los familiares de las víctimas por parte de los nefastos de Anzorreguy, Corach, Galeano, Telleldín, Menem, Fino Palacios y tantos otros.
Hoy debajo de mi paraguas fue inevitable recordar el símbolo de aquellos paraguas que ya reclamaban justicia a pocos días de ocurrido el atentado. Las cosas ya no son como en 1994. Conocemos la podredumbre de los encubridores, de las ratas que se comieron los expedientes, de los cómplices, de los autores. Pero no conocemos todo ni a todos. Se ha hecho una impecable saga de obstáculos a la justicia. Sabemos que ninguna verdad es absoluta. Pero tampoco queremos conformarnos con estas verdades parciales y con los acusados libres. No hay un solo preso, ni uno. Los asesinos, los colaboradores, todos ellos libres para vivir la vida que les quitaron a los 85, libres para publicar libros, libres para seguir burlándose.
17 años pasaron pero la búsqueda de la verdad jamás caducará.
Digamos presente en esta búsqueda, frente a la indiferencia de los que deberían estar abrazados a este dolor porque son nuestros hermanos y sólo pueden anteponer sus mezquinos deseos de poder, o su voluntad de seguir discriminando refugiados en conceptos anacrónicos y carentes de todo valor. Digamos presente porque los 85 lo necesitan.
Digamos presente para que el terror nunca más invada nuestra sociedad ni en ninguna parte del mundo.
Digamos presente por:

SILVANA ALGUEA DE RODRIGUEZ Argentina, 28 años. Asistente Social. Trabajaba en el Servicio Social de la AMIA.
JORGE ANTUNEZ Argentino, 18 años. Trabajaba como mozo en un bar de Tucumán y Corrientes.
MOISES GABRIEL ARAZI Argentino, 22 años. Estudiante. Esperaba en la Bolsa de Trabajo de la AMIA.
CARLOS AVENDAÑO BOBADILLA Chileno, 61 años. Electricista. Trabajaba en Maestranza de la AMIA.
YANINA AVERBUCH Argentina, 20 años. Estudiante. Trabajaba en el Servicio Social de la AMIA.
NAUM BAND Argentina, 55 años. Trabajaba en el sector Vigilancia de la AMIA.
SEBASTIAN BARREIRO Argentino, 5 años. Pasaba por la puerta de la AMIA, de la mano de su mamá.
DAVID BARRIGA Boliviano, 28 años. Trabajaba en las refacciones de la AMIA.
HUGO NORBERTO BASIGLIO Argentino, 47 años. Electricista. Trabajaba en las refacciones de la AMIA.
REBECA VIOLETA BEHAR DE JURIN Argentina, 58 años. Ama de casa, obstetra. Vecina de la calle Pasteur, pasaba por la puerta de la AMIA.
DORA BELGOROSKY Argentina, 54 años. Trabajaba en la Bolsa de Trabajo de la AMIA.
FAVIO ENRIQUE BERMUDEZ Argentino, 26 años. Trabajaba en la imprenta Chyiesa y Galarraga, frente a la AMIA.
ROMINA AMBAR LUJAN BOLAND Argentina, 19 años. Empleada y estudiante. Pasaba por la puerta de la AMIA camino a la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA.
EMILIANO GASTON BRIKMAN Argentino, 20 años. Estudiante. Esperaba en la Bolsa de trabajo de la AMIA.
GABRIEL BUTTINI Argentino, 36 años. Electricista. Trabajaba en las refacciones de la AMIA.
VIVIANA ADELA CASABE Argentina, 24 años. Diseñadora gráfica. Integraba el personal de la DAIA.
PAOLA SARA CZYZEWSKI Argentina, 21 años. Estudiante de abogacía. Estaba circunstancialmente en le edificio de la AMIA.
JACOBO CHEMAUEL Argentino, 56 años. Trabajaba en el Sector Maestranza de la AMIA.
CRISTIAN ADRIAN DEGTIAR Argentino, 21 años. Estudiante de Abogacía. Integraba el personal de la DAIA.
DIEGO DE PIRRO Argentino, 23 años. Estudiante, empleado en la DGI. Vecino de la calle Pasteur, frente a la AMIA.
RAMON NORBERTO DIAZ Argentino, 53 años. Encargado del edificio que se encuentra frente a la AMIA.
NORBERTO ARIEL DUBIN Argentino, 33 años. Subjefe del Sector sepelios de la AMIA.
FAIWEL DYJAMENT Polaco, argentino naturalizado, 73 años. Empleado. Esperaba en la Bolsa de Trabajo de la AMIA.
AIDA MONICA FELDMAN DE GOLDFEDER Argentina, 39 años. Se desconocen otros datos y las circunstancias por las que se hallaba en las inmediaciones de la AMIA.
ALBERTO FERNANDEZ Argentino, 54 años. Hacia repartos de panadería. Pasaba a cobrar a unos clientes de la calle Pasteur.
MARTIN FIGUEROA Argentino, 47 años. Electricista. Trabajaba en las refacciones de la AMIA.
INGRID FINKELCHTEIN Argentina, 18 años. Esperaba en la Bolsa de Trabajo de la AMIA.
LEONOR GUTMAN DE FINKELCHTEIN Argentina, 42 años. Esperaba en la Bolsa de Trabajo de la AMIA.
FABIAN MARCELO FURMAN Argentino, 30 años. Esperaba en el Sector Sepelios de la AMIA.
GUILLERMO BENIGNO GALARRAGA Argentino, 45 años. Socio de la imprenta y casa de fotocopias Chiesa y Galarraga, de Pasteur 630.
ERWIN GARCIA TENORIO Boliviano. Trabajaba en las refacciones de la AMIA.
JOSE ENRIQUE GINSBERG Argentino, 43 años. Director del sector Sepelios de la AMIA.
CYNTHIA VERONICA GOLDENBERG Argentina, 20 años. Integraba el personal de la DAIA.
ANDREA JUDITH GUTERMAN Argentina, 28 años. Maestra jardinera. Esperaba en la Bolsa de Trabajo de la AMIA.
SILVIA LEONOR HERSALIS Argentina, 42 años. Esperaba en la Bolsa de Trabajo de la AMIA.
CARLOS HILU Argentino, 36 años. Jefe del Sector Vigilancia de la AMIA.
EMILIA JAKUBIEC DE LEWCZUK Argentina, 58 años. Pasaba por la puerta de la AMIA.
MARIA LUISA JAWORSKI Argentina, 55 años. Ama de casa, empleada domestica. Esperaba en la Bolsa de Trabajo de la AMIA.
ANALIA VERONICA JOSCH Argentina, 20 años. Esperaba en la Bolsa de trabajo de la AMIA.
CARLA ANDREA JOSCH Argentina, 17 años. Esperaba en la Bolsa de Trabajo de la AMIA.
ELENA SOFIA KASTIKA Argentina, 54 años. Pasaba por la puerta de la AMIA.
ESTHER KLIN Argentina, 49 años. Ama de casa. Esperaba en la Bolsa de Trabajo de la AMIA.
LEON GREGORIO KNORPEL Argentino, 53 años. Corredor. Esperaba en la Bolsa de Trabajo de la AMIA.
BERTA KOZUK DE LOSZ Argentina, 67 años. Pasaba por la puerta de la AMIA rumbo a su trabajo.
LUIS FERNANDO KUPCHIK Argentino, 42 años. Arquitecto, comerciante. Tramitaba un sepelio en las oficinas de la AMIA.
AGUSTIN DIEGO LEW Argentino, 21 años. Estudiante. Trabajaba en el sector sepelios de la AMIA.
JESUS MARIA LOURDES Se desconocen sus datos personales y las circunstancias por las cuales se hallaba en las inmediaciones de la AMIA.
ANDRES GUSTAVO MALAMUD Argentino, 37 años. Arquitecto. Dirigía las refacciones del edificio de la AMIA.
GREGORIO MELMAN Argentino, 53 años. Trabajaba en el sector Vigilancia de la AMIA.
ILEANA MERCOVICH Argentina, 21 años. Fotógrafa, estudiante. Esperaba en la Bolsa de Trabajo de la AMIA.
NAON BERNARDO MIROCHNIK Argentino, 62 años. Trabajaba como mozo en la AMIA.
MONICA NUDEL Argentina, 36 años. Vendedora. Pasaba por la calle Pasteur.
ELIAS ALBERTO PALTI Argentino, 38 años. Comerciante. Acompañaba a unos amigos a tramitar un sepelio en las oficinas de la AMIA.
GERMAN PARSONS Argentino, 29 años. Artista plástico, escenógrafo. Vivía frente al edificio de la AMIA.
ROSA PERELMUTER Argentina, 48 años. Trabajaba como telefonista en el conmutador de la AMIA.
FERNANDO ROBERTO PEREZ Argentino, 47 años. Plomero, gasista. Trabajaba en las refacciones de la AMIA.
ABRAHAM JAIME PLAKSIN Polaco, argentino naturalizado, 61 años. Egresado del Instituto Superior de Estudios Judaicos. Trabajaba en el Departamento de Cultura de la AMIA.
SILVIA INES PORTNOY Argentina, 25 años. Cosmetóloga, cosmiatra. Esperaba en la Bolsa de Trabajo de la AMIA.
OLEGARIO RAMIREZ Argentino, 46 años. Trabajaba en le Sector Maestranza de la AMIA.
NOEMI GRACIELA REISFELD Argentina, 36 años. Trabajaba en le Servicio Social de la AMIA.
FELIX ROBERTO ROISMAN Argentino, 48 años. Químico. Pasaba por la puerta de la AMIA rumbo a su trabajo.
MARISA RAQUEL SAID Argentina, 22 años. Estudiante universitaria. Recepcionista de la AMIA.
RICARDO HUGO SAID Argentino, 41 años. Trabajaba en el Sector Vigilancia de la AMIA.
RIMAR SALAZAR MENDOZA Boliviano, 32 años. Trabajaba en las refacciones de la AMIA.
FABIAN SCHALIT Argentino, 33 años. Licenciado en economía. Tramitaba un sepelio en las oficinas de la AMIA.
PABLO SCHALIT Argentino, 32 años. Tramitaba un sepelio en las oficinas de la AMIA.
MAURICIO SCHIBER Argentino, 65 años. Trabajaba en el Sector Vigilancia de la AMIA.
NESTOR AMERICO SERENA Argentino, 51 años. Ingeniero mecánico. Trabajaba en las refacciones de la AMIA.
MIRTA STRIER Argentina, 42 años. Trabajaba en le Centro Marc Turkow de la AMIA.
LILIANA EDITH SZWIMER Argentina, 22 años. Estudiante de diseño gráfico. Pasaba casualmente frente a la AMIA.
NAUM JAVIER TENENBAUM Argentino, 30 años. Abogado. Estaba haciendo un tramite de sepelios en la AMIA.
JUAN CARLOS TERRANOVA Argentino, 52 años. Distribuidor de sustancias alimenticias. Estaba descargando mercadería en la calle Pasteur.
EMILIA GRACIELA BERELEJIS DE TOER Argentina, 44 años. Esperaba en la Bolsa de Trabajo de la AMIA.
MARIELA TOER Argentina, 19 años. Estudiante. Esperaba en la Bolsa de Trabajo de la AMIA.
MARTA TREIBMAN Argentina, 30 años. Empleada administrativa del Servicio Social de la AMIA.
ANGEL CLAUDIO UBFAL Argentino, 34 años. Jefe del Sector Sepelios de la AMIA.
EUGENIO VELA RAMOS Boliviano, 17 años. Ayudante de obra. Trabajaba en las refacciones de la AMIA.
JUAN VELA RAMOS Boliviano, 21 años. Ayudante de obra. Trabajaba en las refacciones de la AMIA.
GUSTAVO DANIEL VELAZQUEZ Argentino, 16 años. Estudiante. Vecino de la calle Pasteur.
ISABEL VICTORIA NUÑEZ DE VELAZQUEZ Argentina, 51 años. Empleada administrativa. Vecina de la calle Pasteur.
DANILO VILLAVERDE Argentino, 20 años. Electricista y tapicero. Trabajaba en las refacciones de la AMIA.
JULIA SUSANA WOLYNSKI DE KREIMAN Argentina, 48 años. Responsable de la Bolsa de Trabajo de la AMIA.
RITA WORONA Argentina, 37 años. Trabajaba en el Sector Sepelios de la AMIA.
ADHEMAR ZARATE LOAYZA Boliviano, 31 años. Albañil. Trabajaba en la refacción de la AMIA.

Digamos presente por su recuerdo, por cada ser único que se perdió pero que vive en sus seres queridos y en la memoria colectiva que de nosotros depende.

Tzedek tzedek tirdof. Justicia justicia perseguirás.

lunes, 4 de julio de 2011

Ella y yo

Ella siempre le puso muchos condimentos a sus platos. El aroma que salía despedido de su cocina, en la que pasaba tanto tiempo, es imposible de describir. Pocas veces en mi vida pude volver a sentir un aroma similar. Vuelvo a escribir la palabra aroma porque el término “olor” significa otra cosa. Éste tiene un tufillo negativo cuando se lo pronuncia, en cambio “aroma” es sinónimo de buen cocinero. Y ella era buena cocinera. Abusaba del ajo, el perejil y el aceite pero solamente de esa manera obtenía semejantes resultados.
De a poco estoy aprendiendo a sumergirme en el arte culinario. Cada vez que preparo algo con elementos y sabores variados siento que estoy con ella. Hace poco comprobé que ella también estaba conmigo en mi cocina. Vinieron a cenar unos amigos y luego de que uno no quiso el segundo plato porque ya se había llenado me dijo fastidioso: - Yanina no quiero más, dejá de preguntarme, parecés mi abuela.
Ese comentario que a cualquiera le podría molestar me hizo sentir que podía confirmar mis sospechas. No puedo decir que cocine como ella porque mi Bobe Mary era una artesana inigualable pero algo de eso también me lo dejó en la sangre. Heredé su carácter, muchos de sus gestos y actitudes, la frenética manía de comerme las uñas, entre otras. Gracias a mi abuela polaca soy la única de mi familia que toma mate aunque ya no lo hago más con las pastillitas de edulcorante y el agua helada. Es que ella lo tomaba casi hirviendo, tantas veces me quemé la lengua, mi pequeña lengua de ocho años que cuando creció empezó a prepararlo tan frío que no lo podía compartir con nadie. Ahora tomo un mate digno de ser tomado pero no sé qué habría sido de mí sin esos mates edulcorados y calientes. Cuando rememoro esos momentos en su hogar de Paternal es también cuando siento que estamos solas ella y yo.

M´hijo el doctor

"Quiero empezar comedia musical", me dije el otro día, no muy convencida del efecto que podría tener este pensamiento en el largo plazo pero sin poder evitar el sentimiento de que soy un diamante en bruto al que solamente faltar pulir un poco. Desde pequeña estoy acostumbrada a hacer el ridículo y con eso ganarme las risas de mis conocidos o comentarios del tipo: “vos sola podés hacer eso”.
Hace unos días me desperté y dije en voz alta “no puedo privar al resto del mundo de este talento a punto de explotar, no quiero ser una bailarina frustrada”. Lo que pasa es que es difícil tomar decisiones que tienen que ver con la vocación.
Imagínense que terminé la secundaria y mis opciones universitarias se dirimían entre Letras y Comunicación. Cualquiera de los dos caminos indicaban que el estado de mi futura cuenta bancaria iba a tener muchos pero muchos ceros y solamente eso, muchos pero muchos ceros, sin otros números por delante.
Pobre pero feliz decía yo alentándome a optar por algo que me gustara y elegí Comunicación nomás. Seré cabeza dura pero lo volvería a hacer. Todo otra vez. Repetiría el mismo camino ahora que confirmé la cantidad de ceros y solamente ceros que tiene mi cuenta era tal como lo esperaba.
“Todo no se puede en la vida” decía alguien que inventó esta frase o que se la robó a otro, vaya uno a saber. Porque quién inventa las frases del “saber popular”, bueno ese es tema de otro apartado filosófico, no?

jueves, 19 de mayo de 2011

Otra vez sopa

Hace unos años escribí una nota para una revista que fue creada con mucho cariño pero que no sobrevivió a las personalidades tan diferentes de sus acalorados integrantes. En ella hacía referencia a la asunción de la ortodoxia a la presidencia de la AMIA Se titulaba “CADA 18” y estaba muy ligada a la impotencia y el rechazo que me causó ese hecho. En consonancia con esa situación, para que vean que resisto un archivo…esas sensaciones vuelven a aparecer hoy. Se manifiestan nuevamente frente a dos sucesos que ocurrieron en estos días/semanas y que pueden ser resumidos en el concepto de representación.
Por un lado, el 12 de abril se realizaron los comicios en la AMIA, cuyos resultados definitivos se conocerán en el próximo mes de junio. La principal disputa se da entre el sector ortodoxo de la comunidad, que actualmente detenta el poder de la mutual y persigue una hermosa política de segregacionismo tanto con la sociedad argentina en su conjunto como al interior del judaísmo. Uno de los últimos ejemplos más bonitos ocurrió el 8 de abril cuando “la jazanit (cantora litúrgica) del templo Lamroth Hakol, Yanina Meler, perdió su embarazo en el octavo mes de gestación. Su esposo, Pablo Kwasniewski, jefe de seguridad de la sinagoga AmiJai, fue a la AMIA para hacer los trámites y cuando comentó que su suegra era conversa, le dijeron que no podría enterrar a su hijo en los cementerios de la comunidad. De nada valieron las intervenciones de los rabinos Darío Feiguin y Fabián Skornik y los pedidos al vicepresidente y al titular de la entidad, Guillermo Borger. Lo sepultaron en el cementerio judío de Lomas de Zamora, que no es de la red. No eran judíos genuinos”. (Fuentes: diarios Perfil y Página 12).
El otro sector que más votos recaudó fue el que está liderado por el “progresismo” (término que multiplicó enormemente sus sentidos en los últimos años) judío, instituciones del movimiento conservador. Entre sus filas también hay figuras non santas que no supieron satisfacer las necesidades de una comunidad con demasiados flagelos.
Con lo cual, la principal batalla es por la continuidad o el cambio del trono.
Por qué traigo el concepto de representación a colación. Los ortodoxos se asumen como los representantes del D´s en la Tierra. El día de las elecciones ellos tuvieron varias actitudes de las que el D´s que dicen representar estaría cuanto menos avergonzado. Demostrando elegantemente su inmensa capacidad reproductiva, llevaron a sus hijos a votar, incluso chicos de 14 años. Luego, cual barras de la 12 “pechearon” a los que no son como ellos, a los indignos de la cualidad de lo genuino del judaísmo; les preguntaron “y dónde está tu bobe ahora” –haciendo alusión clara al slogan de campaña del partido Acción Plural- y cuando se dieron a conocer los resultados preliminares impusieron su antisionismo cantando “mashiaj, mashiaj, oi, oio, io, ioi” sobre el himno de Israel que estaban entonando los conservadores.
Una gran cantidad de personas no judías identifican a los ortodoxos como al conjunto total de los judíos. Por suerte muchos de nosotros no nos encerramos, nos educamos en instituciones universitarias nacionales, trabajamos y participamos de la vida diaria del país en el que nacimos y nos criamos. Y gracias a eso tampoco todos somos confundidos con el nuevo representante de la mano dura argentina porque lejos de representar a la colectividad, el rabino Sergio Bergman lo único que puede tener es otras banderas y acólitos. Lo rodean la sed de poder, la injusticia, la represión, la ignorancia, la confusión y personajes tan entrañables como el diputado salteño Olmedo, acusado de explotación y trata de personas o Mauricio procesado por escuchas, destructor de nuestra ciudad, etc (seguir la lista sería una aventura del tamaño de escribir el libro gordo de petete).
Memoria Activa publicó días atrás una declaración en la que aclaraba que el rabino, devenido político, formó parte de esa organización que reclama justicia solamente en sus primeros dos años y luego la abandonó así como sus presencias en Plaza Lavalle. Hoy este señor es cabeza de la lista de legisladores del PRO que se presentan en las próximas elecciones.
Mientras tanto nadie se hace cargo de la situación educativa y comunitaria en general en la que estamos inmersos. El cierre de escuelas fue creciendo y creciendo, gestión tras gestión. La deserción del sistema fue muy feroz porque muchos no pudieron seguir pagando las altísimas cuotas que piden los colegios conservadores pero tampoco quieren plegarse al fanatismo y el oscurantismo de la red ortodoxa que es capaz de regalar una casa para conseguir una familia más que obedezca sin cuestionar y que asuma la tarea de sumar adeptos entre sus filas.
¿Qué hay que hacer entonces para terminar con este nauseabundo conflicto de intereses y que la AMIA y la comunidad vuelvan a ser de todos?



CADA 18

Probablemente muchos hayan leído durante el mes de junio un polémico debate alrededor de la cuestión de quién es un judío GENUINO y quién no lo es. La antigua ley judía (Halajá) determina que pertenece a esta religión aquel que nace de un vientre judío. Hasta aquí este sólo sería un marco que podría tener más o menos polémica pero es una antigua ley que en su momento así se estableció.
Lo cierto es que la nueva dirigencia que asumió en AMIA el pasado 13 de junio, parecería haber creado unos anexos a esta antigua ley, que le permiten establecer nuevos criterios de exclusión o de membresía para definir quiénes son los que quedan de cada lado del tablero. Los nuevos líderes de esta institución son ortodoxos, los más acérrimos observantes de las tradiciones judías, y es por eso que creen que pueden dividir a la comunidad de acuerdo a la calidad y cantidad de sus prácticas espirituales. Y de esta manera decidir quién es realmente miembro de esta religión, quién es más o menos judío, y en base a eso poder ser merecedor del mote “genuino”.
Durante todo este tiempo nunca pudieron convivir con demasiada tolerancia los distintos niveles religiosos a pesar de pertenecer a la misma religión. Pero la novedad es que, por primera vez, estos dogmas (los ortodoxos) llegan al liderazgo de una de las instituciones más importantes para la vida de la comunidad judía argentina.
Lógicamente, las reacciones no se hicieron esperar y, la ahora, ex dirigencia de AMIA, declaró su indignación. Es muy lamentable no haber escuchado nunca declaraciones con resonancia nacional (como las publicadas por Clarín) producidas por estos mismos líderes políticos que tanto tiempo “trabajaron” por la comunidad, cada vez que se cerró un colegio con educación judía o un centro juvenil, diezmando uno de los pilares de cualquier colectivo humano, que es la educación.
Pero no es la primera vez que se produce una fisura tal en la comunidad judía, tampoco en la AMIA ni mucho menos en nuestro país. Este mes de julio se cumplen 14 años del brutal atentado a la sede de la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA). AMIA nació como un emprendimiento de los primeros inmigrantes judíos que llegaron a nuestro país y querían seguir manteniendo la tradición de sus orígenes.
En el año que estaban festejando su 100° aniversario, 85 vidas quedaron sepultadas debajo del éxito de la impunidad. Las divisiones entre integrantes de la comunidad se dan hasta en los familiares de las víctimas de la AMIA y la Embajada de Israel. A pesar de compartir un objetivo noble, estos, no pudieron mantenerse juntos en su reclamo de justicia. Actualmente hay tres organizaciones que funcionan por separado y que, incluso, realizan actos divididos: ellos son APEMIA (Agrupación por el Esclarecimiento de la Masacre Impune de la AMIA), MEMORIA ACTIVA y FAMILIARES y AMIGOS DE LAS VÍCTIMAS.
Recuerdo que en el quinto aniversario de la explosión de la bomba, se organizó un acto frente a la sede donde una de los familiares de las víctimas realizó un discurso que, a mis 15 años de edad, sentí que me penetraba en cada una de las fibras de mi cuerpo. Es esa la sensación que a muchos nos invade cuando vamos a un acto de recordación por algo tan doloroso, se nos pone la piel de gallina y hasta nos tiemblan los pies. Pero el 18 de julio de 1999 cuando escuché a Marina Degtiar decir la palabra ASCO en repetidas ocasiones durante su discurso, no sentí sólo piel de gallina, sentí que estaba expresando algo que volvería a cobrar significado en miles de momentos hacia atrás y hacia delante.
Por ese entonces todavía nos gobernaba el “señor” Carlos Saúl Menem quien fue nombrado en reiteradas ocasiones por la hermana de una de las víctimas del atentado;
Marina decía:
"Señor Presidente: su desinterés y su silencio, resultan cada vez más vergonzosos. Su sospechosa actitud y la cada vez menos comprensible falta de decisión política para resolver la tremenda masacre, que no hace más que perpetuar en la historia argentina la impunidad, bandera que enarbola su gobierno, nos da asco".
Cada vez que ella pronunciaba este latiguillo, los asistentes la repetían con mucha fuerza. Esto para mí no significó sólo el repudio hacia nuestra dirigencia política, corrupta y encubridora. ASCO es lo que siento cada vez que las eternas ansias de poder nublan la vista y el accionar de los líderes no sólo nacionales sino comunitarios. En el tercer aniversario del atentado, los dirigentes de AMIA y DAIA (Delegación de Asociaciones Israelitas Argentinas, la entidad que se ocupa de los aspectos políticos y diplomáticos de la comunidad), en ese momento, Rubén Beraja y Oscar Hansman, concurrieron a la Casa Rosada a pedir disculpas por las palabras que los familiares de las víctimas habían pronunciado denostando al gobierno y reclamando justicia. Este tipo de actitudes, lamentablemente, se reiteraron permanentemente en nuestra historia reciente.
Con una mezcla de sensaciones tan fuertes como el asco y la tristeza, vemos la división, la polarización, siempre tapada por los verdaderos intereses ocultos, desde lo más chiquito, una comunidad, a lo más enorme como es nuestro país. Muchos miembros de la colectividad escapan a estas distinciones entre observantes, practicantes, creyentes y demás, los tiempos cambian y no todo puede mantenerse igual, congelado en el tiempo. Pero hay algo que tiene que prevalecer sobre todas las cosas, que es la no confrontación, que cada uno pueda manifestarse y vivir su religión sin tener que sufrir las consecuencias de ningún dedo acusador pero tampoco de las acciones destructivas de los que se ven cegados por el poder. Ojalá, no peque de ilusa o utópica por esperar que algún día, nuestros representantes hagan primar los intereses generales a los particulares.

domingo, 1 de mayo de 2011

De ronda











Hay mujeres que son abogadas, otras maestras, algunas policías. Así podríamos seguir en una extensa lista de profesiones, ocupaciones, vínculos familiares, etc.
Hay mujeres que son referentes visibles de un grupo mucho mayor que las excede en número y sentimientos. Aquí podemos mencionar a Azucena, a Chicha, a Estela o a Taty. Ellas forman parte de nuestra historia y de nuestro pueblo. Probablemente no de la manera en que lo hubieran imaginado.
Hay mujeres que reaccionan frente a la tragedia de formas tan distintas como inesperadas. Estas mujeres argentinas lo hicieron de un modo ejemplar para muchos de sus compatriotas y para tantos en otros países. Las Madres de la Plaza que el Pueblo Abraza nacieron de un círculo, de una ronda. Una ronda que lleva treinta y cuatro años, que reunió el dolor, la angustia, la incertidumbre, el amor y la impotencia. Todas estas experiencias fueron transformadas en potencia, en lucha.
Hay mujeres que se enteran que van a ser abuelas y ya comienzan a tejer los primeros escarpines. Todavía hay cientos de mujeres que no saben dónde están los destinatarios de esos escarpines, a los que anhelaron y a los que todavía esperan ya convertidos en hombres y mujeres. Todavía esperan pero no sentadas de brazos cruzados. No, algunas ya no podrán ver el resultado de su incesante búsqueda. Otras ya no tienen tanta fuerza, enfermedades las aquejan o solamente -o nada más y nada menos que- el paso del tiempo.
Pero como sea, su meta, sus ideales están impregnados en sus relatos y en su accionar, en su testimonio, para que las generaciones que vengan entiendan la historia del país en que viven, que entiendan su pasado y su presente, que nada se gana con la violencia.
Gracias a la nobleza y al coraje de ellas más de cien chicos recuperaron su identidad y un país entero puede saber cómo fueron las cosas.

jueves, 21 de abril de 2011

Cuando el día empieza antes

Cuáles son las cosas que puede odiar una persona que inicia su día a las 5.30 am:

*Que haya porteros que aún no se despertaron.
*Que más de la mitad de la población mundial esté durmiendo. (Esto es un dato no comprobado periodísticamente, es sólo la sensación que se produce en el cuerpo del ser humano recién despierto).
*Que haya gente saliendo de bailar cuando vos vas a trabajar. No entiendo por qué hay gente que tiene más de 30 y puede estar bailando hasta las 6.30 un martes.
*Que cada día que pasa esté más oscuro.
*No tener asiento en el 65.
*Tener ganas de almorzar a las 10.30.
*Empezar a trabajar a las 7 cuando el cerebro se inicia a las 11 aproximadamente.
*En invierno no poder ir a trabajar envuelta en la frazada.
*Que tus compañeros de oficina sean todos hombres y gocen de poner música no apta para tus oídos desde el minuto cero en que pisaste el edificio y que, además, tengan calor todo el tiempo y necesidad de poner puntaje a cada chica nueva.
*Que ir a cenar un día de cena implique que tengas que levantar con cucharita las ojeras a la mañana siguiente.

Yo creo que hay muchas más pero vamos a dejar acá. No es cuestión de ser negativos, no?

sábado, 9 de abril de 2011

Gastando las zapas

Ayer decidí probar una clase de ritmo latino. Siempre digo que en la vida todo es una cuestión de expectativas. Ya que en el caso de ayer las mías eran muy altas todo lo que pasó después no puedo reprocharlo demasiado. El Gym en cuestión lo atiende un tipo que lejos de resultar fornido debe pesar cerca de cincuenta kilos y medir unos setenta y cinco de estatura. Los pisos de madera hundida de los salones empiezan a ser poco compatibles con los saltos de las señoras que van a movilizar el esqueleto. Aquellas que se aburren escuchando un tango y se emocionan con una bachata (todavía estoy intentando averiguar qué es eso, probablemente un primo del axé o del reggaeton). La cosa empezó a ponerse peor cuando un chico que resultó ser "el profe" nos saludó y durante sesenta minutos no dejó de sonreir. Me cuesta imaginar cómo una persona puede mantener una sonrisa enorme al estilo Colgate tanto tiempo. En su lugar yo estaría acusando dolor de mandíbula. ¿Qué lo hace feliz? me preguntaba yo en ese momento en vez de memorizar los pasos del lentísimo tema de Ricardo Arjona hecho pachanga que estábamos bailoteando. Miré a mi alrededor: ¿sería la cincuentona que intentaba seducirlo con un ajustado top verde y un minishort aún más ceñido a su cuerpo? ¿O la reducida remera de los Beatles que antaño sólo se podía adquirirse en plaza Serrano y que ahora cubría el bronceado de otra? No sé. Pero los mismos sesenta minutos que mantuvo su sonrisa, el profe intercalaba cada movimiento con una muletilla: "suave, suave". Como broche de oro dijo: "vamos a hacer un mambo, eh!" y ahí nomás la literalidad en su máxima expresión: comenzaba a sonar "mambo number 5".

sábado, 2 de abril de 2011

La memoria no es cosa del pasado. El conocimiento tampoco.

El juez Oyarbide declaró ayer que Turquía cometió genocidio en perjuicio de los armenios entre 1915 y 1923.

Esta es una nota que escribí hace unos 4 años sobre las relaciones que tenemos con el otro. Entrevisté a Jorge Kazandjian, director del diario armenio de Buenos Aires. Se las dejo acá como primer "situación" de este blog.

Jorge Kazandjian me recibe en su pequeño despacho que parece más reducido aún por las cosas que lo tapan. Todo se encima, un objeto sobre el otro, como los posters de eventos de la comunidad armenia, ejemplares de diferentes diarios, revistas, enciclopedias, afiches de distintas organizaciones de Derechos Humanos y demás cosas que hacen a la rutina de su trabajo. El diálogo es cordial, sereno. Un hombre con una voz robusta, tanto como su anatomía, me cuenta por qué se dedica a ser un periodista diferente. Jorge es editor del diario Armenia, homónimo de su comunidad de origen, en la que se crió su padre, y el padre de su padre y todas las generaciones que lo antecedieron. Un hombre argentino, de origen armenio, con una familia que sigue cumpliendo y observando los principios de una tradición antigua. Siglos de costumbres tratan de preservarse en la diáspora. Los ciudadanos argentinos armenios no se sienten diferentes, pero en sus rutinas, en sus tradiciones conservan signos de lo que alguna vez los hizo tan marcadamente distintos a sus enemigos, los turcos, como al resto del mundo.
Creo que es en las anécdotas, en las historias y en la presencia de costumbres diferentes a mí, a otros, donde sentí que estaba ante un “otro” cultural. Pero creo que es algo que se puede dar casi con cualquier hombre dentro de esta ciudad y de cualquier lugar del planeta. El lugar de la conversación es el Centro Cultural Armenio, rodeado por varios colegios donde se da esa educación.
- ¿Cuál es el objetivo del diario? ¿Cómo nació?
- El diario nació en 1931 como medio de comunicación dentro de la comunidad, teniendo en cuenta que en aquellas épocas casi el cien por ciento de los miembros de la comunidad Armenia eran recién llegados al país. Por eso no tenían conocimiento del idioma castellano entonces el diario hacía de puente entre la realidad nacional y la comunidad. Al mismo tiempo que informaba los quehaceres de la comunidad, traducía al idioma armenio todos los eventos que tenían lugar en el país, lo político, lo deportivo y algunas otras cosas. Después con el tiempo, con la evolución y la integración de las distintas generaciones el diario ya no tuvo la urgencia de tener una salida diaria, pasó a ser semanario como es hoy, o sea ya llevamos 76 años.
- ¿Qué contacto tienen con lo que ocurre en Armenia?
- El contacto nuestro es diario porque no sólo lo tenemos vía Internet sino por teléfono y hasta por nuestro acceso a las distintas páginas de noticias armenias, de las que hay muchas. Estamos prácticamente al tanto como están todos los medios de prensa de los acontecimientos de diferentes partes del mundo, sólo que nosotros ponemos nuestro foco no exclusivamente en ello sino principalmente sobre lo que ocurre en Armenia.
- ¿Y lo que ocurre en el país, tiene alguna incidencia en el diario?
- Nosotros en general nos manejamos desde la comunidad y los eventos que se dan dentro del país pero no de las noticias habituales del país porque como es un medio que sale los jueves queda un poco atrasado hablar de noticias locales, además no es la idea. Porque hoy hay muchísimos medios, la televisión, la radio, Internet, entrar nosotros en ese terreno, siempre estaríamos atrasados. Sí hay noticias que tienen que ver con el tema de la política nacional pero en relación a nuestras instituciones: visitas de políticos, de funcionarios. Por ejemplo temas como el que se produjo este año que se promulgó la Ley de Reconocimiento al Genocidio Armenio. Todo eso son puntos que sí tienen lugar en nuestras páginas.
- En lo que respecta a su historia personal, usted por ejemplo ¿cómo llegó a Buenos Aires o cómo lo han hecho sus antepasados?
- Yo soy argentino, mi padre llegó al país en el año 30, proveniente de Grecia, pero en realidad él es nacido en la Armenia originaria, la ocupada por Turquía. Nació en 1913, en la época del genocidio, su familia se trasladó a Grecia para refugiarse y después llegaron a la Argentina. Yo soy nacido aquí y después de algunas experiencias en mi juventud con temas periodísticos, ahora ya de adulto tomé la responsabilidad de llevar adelante este periódico.
- ¿Cómo vive la comunidad armenia la diáspora? ¿Conservan tradiciones, costumbres, platos típicos?
- Voy a tratar de resumirte en dos o tres frases. La comunidad armenia argentina tiene casi noventa años. Noventa años significan un mínimo de tres generaciones y teniendo en cuenta también que la comunidad armenia fue muy bien recibida en la Argentina, no tuvo ningún problema de adaptación, de discriminación, eso hace que a veces la conservación de la identidad natural original sea mucho más complicado. Porque vos no tenés un ámbito hostil entonces vos te vas adecuando, te vas asimilando. Eso va en contra de las comunidades, no sólo de la armenia, otras también. Algunas que tienen una religión diferente ponen el acento ahí o en algún otro tipo de “diferencia” como para conservarse un poco más cerrados. La nuestra es una comunidad desde un lugar desgraciadamente muy abierta porque las distintas generaciones se han ido casando, hay muchos casamientos mixtos, así que se va abriendo. Esa apertura hace que el tema de la identidad hoy tenga mucha importancia para nosotros porque tratamos de conservarla a partir de la danza, el canto, el teatro, las comidas, o sea, buscamos eso.
- Tienen colegios también.
- Hay siete colegios en lo que es Buenos Aires y Gran Buenos Aires, en los tres niveles, jardín, primaria y secundaria. Tendrán aproximadamente unos 700 a 800 alumnos de origen armenio entre todos porque hay muchos colegios que están abiertos a todo público. Hay un solo colegio que todavía no admite alumnos no armenios, que es el Colegio de la Iglesia. Los demás colegios están abiertos. Hay agrupaciones juveniles, scouts, hay entidades deportivas, de asistencia, hay coros, grupos de teatro. Todo lo que es el mini cosmos de la comunidad Armenia tiene existencia en Buenos Aires y los alrededores.
- Recién decía que ustedes no se sienten discriminados. ¿Se siente como una minoría cultural o eso no está en ustedes?
- Es un poco difícil hablar sobre minorías en un lugar donde, ya te decía antes, fuimos muy bien recibidos. El armenio medio se ha integrado a tal punto que hay deportistas de nuestro origen como David Nalbandian, políticos como el ministro León Arslanian, que han llegado simplemente por lo que son, no como miembros de la comunidad, eso te da la pauta de que está integrada. Lo que es una minoría cultural probablemente esa visión se pueda tomar desde el punto de vista cuando por ejemplo la comunidad armenia siempre es invitada a eventos donde otras comunidades tienen oportunidad de mostrar sus grupos de danza, festivales de música. Alí es donde se puede interpretar que uno tomaría parte de una minoría pero en realidad es más conservación de una cultura, una identidad, un patrimonio, un bagaje cultural que formar parte de una minoría. Te cuento el caso de mi hija que baila hace quince años en un conjunto de danzas y yo soy argentino, ella es argentina, es la segunda generación, ya es una argentina bailando danzas armenias.
- ¿Cómo ven a las otras minorías culturales? Por ejemplo, muchas veces se compara al Genocidio Armenio con el Genocidio Judío.
- En realidad, nosotros no partimos de ninguna comparación porque si hablamos de tragedias contra la humanidad, cada una tiene su perfil. Lo único que queremos nosotros con nuestros reclamos de reivindicación es que sea reconocido y forme parte de la memoria de la comunidad internacional para que otros hechos de ese tipo no se repitan. Nuestra relación con las demás comunidades es muy buena, tanto con la judía como con la árabe, que son las más cercanas por cuestiones de tipo regional. También hay relaciones con los italianos, los españoles, pero esas son más ocasionales. Con árabes y judíos tenemos más relación, los invitamos a nuestros actos, nos invitan a los de ellos, a veces hemos hecho actividades en conjunto.
- ¿Cuál es el peso, la influencia actual del Genocidio Armenio?
- No sé si plantearlo como peso. El Genocidio Armenio al igual que otras expresiones de horror contra la humanidad hoy ocupa un lugar importante porque hay una tendencia mundial a buscar su “castigo” y su no repetición. El Genocidio Armenio es una de ellas, es considerado el primero del siglo XX por lo tanto está en todos los libros de todas las instituciones y organizaciones de Derechos Humanos, existe como hecho, como cosa que sucedió. Obviamente Turquía sigue negando su existencia y esto impulsa muchos estudios y genera muchos movimientos en los países donde hay armenios, donde ellos, a través de sus instituciones, se preocupan para que el tema del genocidio esté en la agenda política; para que en naciones como Argentina, conozcan lo que sucedió y den su opinión al respecto y su el reconocimiento. Hace poco también fue reconocido en Chile, no hace mucho en Venezuela, en Uruguay. La cuestión es que está siempre presente y eso genera dentro del gobierno turco una incomodidad porque la continua negación sin argumentos es muy difícil de sostener. Por lo general tratamos de no hacer comparaciones porque cada evento es único en sí mismo y ha generado cosas distintas. En las consecuencias sí son parecidos porque han tratado de hacer desaparecer a un grupo, una etnia, de la razón de la existencia, como armenios o como judíos, donde se parecen es en ese punto únicamente.
La comunidad armenia, al igual que otras, tiene su identidad marcada por la complejidad, ninguna es pura, a secas, no es una esencia cristalizada. Esta está conformada por una religión, un conjunto de costumbres, una educación, una ciudadanía, un lugar de residencia, entre muchas otras posibles variables.
La identidad no corresponde a un conjunto de rasgos dado de una vez y para siempre. Por el contrario, es el resultado de que un grupo social utilice rasgos para diferenciarse culturalmente de otros grupos sociales. De este modo, nace en un contexto histórico lleno de alteridades, es relacional, tiene un carácter histórico y se enmarca en relaciones de poder. Toda construcción de identidad supone la presencia de un “nosotros” y de “otros” a los cuales se opone y de los cuales se diferencia.
En el pasado es donde se marcaba claramente que los “nosotros” que se trataban de imponer y hegemonizar eran los turcos, el estado turco y los “otros” eran los armenios. A diferencia de otras otredades culturales los armenios no están asociados a ningún tipo de cualidad negativa, no se los llama delincuentes ni “bolitas”, por ejemplo. Su carácter de otredad cultural está dado más por su condición de minoría, por las prácticas o tradiciones de algunos que por la estigmatización. Lo que ocurre es que su lugar en la actualidad en la Argentina o en otros países de la diáspora no es el mismo que tenían bajo el imperio turco o más precisamente durante el genocidio que ocurrió entre 1915 y 1923 y en el que se aniquilaron a un millón y medio de personas.
En este país como en otros, como dice Jorge Kazandjian, se los ha reconocido, aunque ese reconocimiento marca también la diferencia, una actitud de respeto, tolerancia, pero es sin duda una marcación hacia la diferencia, aunque ésta no esté menospreciada, descalificada, no deja de ser lo distinto.
Consultado por la Revista Armenia, en su número de febrero del 2007, el ingeniero Mario Nalpatian reflexionaba sobre la promulgación de la Ley 26.199 que instituye al 24 de abril como “Día de Acción por la Tolerancia y el Respeto entre los Pueblos”: “En el ámbito nacional, debemos decir, que una vez más y desde 1985 el Parlamento argentino ha sido solidario y coherente con su posición de condena del crimen de lesa humanidad cometido por el estado turco contra el pueblo armenio entre 1915 y 1923, en este caso debemos resaltar la posición del Poder Ejecutivo nacional de promulgar la ley sancionada por ambas cámaras e incorporar a la legislación argentina la condena y promover una acción para el día 24 de abril, esto hasta el momento es el único en el mundo”. (…) “Es evidente que la comunidad internacional se halla en falta en su tarea de prevención de nuevos genocidios, prueba de ellos es por ejemplo que la Secretaría Adjunta de la ONU, para la Prevención de Genocidios creada por Koffi Annan en 2004 no ha podido avanzar en la medida de lo necesario, dado que a ese nuevo órgano no se lo dotó ni de instrumentos ni de un presupuesto acorde a la tarea encomendada”.
Para entender que esta realidad era totalmente diferente en el pasado podemos tomar como matriz de análisis los conceptos de Primo Levi en su libro Si esto es un hombre. Allí, hace un análisis exhaustivo de las otredades culturales y postula el concepto de “otredad negativa”. Es la práctica de la diferencia pero con connotaciones tan peligrosas que puede derivar en genocidio. La otredad negativa es el primero de cinco momentos por los que puede atravesar una minoría cultural. En este instante se inicia la marginación del “otro”, a través de políticas discriminatorias se construye su imagen negativa. La construcción de una otredad negativa es un proceso que distribuye desigualmente, y se hace posible con elementos del pasado, ideales afectivos y se estereotipa al “otro”, con un objetivo determinado en la mayoría de los casos. Luego se pasa al momento del “hostigamiento”, donde se legitiman las conductas de marginación por parte del Estado, a continuación el “aislamiento espacial”: se delimitan territorios permitidos y prohibidos para la residencia del “otro”. En cuarto lugar se encuentra el “debilitamiento sistemático” donde se quiebra al “otro” psicológica y psíquicamente y comienza la selección, o sea los asesinatos.
El último momento se da sólo en casos únicos en la historia como ha sido el Genocidio Armenio, el Holocausto judío o los gobiernos dictatoriales en tantos países. Es interesante tomar esta concepción de los cinco momentos para ver cuánto aprendemos de nuestra historia. La comunidad armenia fue víctima de un genocidio que ocurrió a comienzos del siglo XX y atravesó hasta el último momento pero es el día de hoy que puede decirse que ni siquiera ingresa en el primero. Por suerte, los diferentes estados los han reconocido, y condenan el sufrimiento del que fueron parte. El único que niega la realidad es Turquía. Esto es diferente en el caso judío, donde los miembros de su comunidad siguen siendo objeto de discriminación y el Holocausto es permanentemente negado por diversos líderes políticos, religiosos, historiadores, etc. Pero los ciudadanos de origen armenio sin tener que atravesar por ningunos de estos cinco momentos en la actualidad son una otredad, no negativa, pero otredad al fin. Lo que les da este carácter es su identidad diferente, un bagaje cultural y prácticas cotidianas distintas a otros que representan un conjunto mayoritario, un “nosotros”, que suele ser la población occidental, católica, de tez blanca, alfabetizada, entre sus principales elementos pero la lista podría seguir acotándose. Cuando se está frente a una persona con características que no nos parecen “comunes”, empieza a considerarse que ese es diferente, forma parte de una minoría, ya que es alguien que no comparte el mismo origen, las mismas creencias, la misma educación o el mismo aspecto físico.